Según Yo-El Ju, de la Washington University School of Medicine en St. Louis y miembro de la American Academy of Neurology "las alteraciones de sueño parecen estar asociadas con la formación de placas amiloides, íntimamente relacionadas con el Alzheimer y con personas con problemas de memoria. Debemos investigar más para determinar porqué pasa esto y de qué manera los cambios de sueño predicen las deficiencias cognitivas". Los resultados de sus investigaciones sobre esto serán expuestos el próximo 28 de Abril en el 64th Annual Meeting de la American Academy of Neurology.
Las placas amilodes o "placas seniles" son depósitos extracelulares de beta-amiloide en la sustancia gris del cerebro y que se asocian con la degeneración de las estructuras neuronales, así como una abundancia en microglía y de astrocitos. Un número elevado de estas placas amiloides y ovillos de fibrina son elementos característicos de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.
Los investigadores de este estudio patrocinado por la Ellison Foundation pusieron a prueba los patrones de sueño de 100 personas de edades comprendidas entre los 45 y 80 años y que no presentaban nigún síntoma de demencia. No obstante, para contrabalancear, la mitad de ellos tenían casos de Alzheimer en su familia, es decir, podrían ser considerados sujetos de riesgo, y la otra mitad no.
Se les colocó un dispositivo que monitorizaba su sueño durante dos semanas, también se analizaron un diario y diversos cuestionarios que estos voluntarios cumplimentaban.
Tras el estudio se descubrió que el 25% de los participantes tenían placas amiloides, y que aunque el tiempo medio que pasaban en la cama era de 8 horas, el verdadero tiempo que pasaban durmiendo era de 6,5 horas de media, debido a breves despertares durante la noche.
Descubrieron que la gente que tenía estos "breves despertares" más de 5 veces cada hora eran lo que más placas de amiloides tenían y los que no despertaban, casi no tenían. También descubrieron lo mismo en la gente que mayor proporción de tiempo en cama lo pasaban durmiendo, con respecto a los que tardaban más en dormirse y/o en despertarse quedándose más tiempo en ella. Es decir, los que estaban menos del 85% de tiempo durmiendo (más del 15% despiertos, ya sea por dificultades para conciliar el sueño o remoloneando al despertar) tenían mayor cantidad de placas amiloides.
Como concluye Yo-El Ju "la asociación entre las alteraciones del sueño y las placas de amiloides es inquietante, aunque el resultado de este estudio no permite determinar una relación causal. No obstante debemos realizar nuevos estudios longitudinales a lo largo de varios años para monitorizar mejor estas relaciones del sueño con las placas de amiloides o la enfermedad de Alzheimer".
Otro estudio que subraya la importancia reparadora y preventiva del sueño, no sólo de la cantidad de horas que pasamos en la cama, sino, especialmente, de la proporción de horas que dormimos cuando estamos en ella.